Susana Rodriguez Lezaun | Sólo es publicidad
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Sólo es publicidad

Sólo es publicidad

Ayer escuché en la radio que una asociación de jubilados ha pedido que se retire el anuncio de la lotería de Navidad porque, en su opinión, ofrece una imagen perjudicial para el colectivo que representan.
Me da la sensación de que esto se nos está yendo un poco de las manos. Estamos con la sensibilidad a flor de piel (para unas cosas, porque otras nos resbalan como el aceite),y nos lanzamos a la yugular a la primera de cambio.
Desde ese mismo punto de vista, yo, como mujer, exijo que retiren todos los anuncios publicitarios en los que aparece una mujer en ropa interior para anunciar prácticamente cualquier cosa, por el uso inapropiado que hace del cuerpo de la mujer para aumentar las ventas, por erotizar todas las actividades de la vida cotidiana y por inculcar en las mentes juveniles unos cánones y unas actitudes totalmente inapropiadas.
Pero además, si yo fuera, por ejemplo, bombero, exigiría que se retiraran todos los anuncios en los que aparece un miembro del Cuerpo de Bomberos exhibiendo pectoral y abdominales para salvar a un gatito, por el uso innecesario del cuerpo masculino (aunque es cierto que en este caso empezaron ellos 😉), por establecer unos estándares que no tienen que corresponderse con la realidad y por banalizar el trabajo de los bomberos hasta convertirlos en simples objetos de deseo.
Y si fuera funcionaria, me molestarían esos anuncios en los que una señora de cara tensa, moño tirante y rictus hosco mira al pobre ciudadano desde el otro lado de la ventanilla y le ignora despectivamente porque está demasiado ocupada resolviendo un solitario en el ordenador.
Podría seguir un buen rato, pero creo que el ejemplo ya ha quedado suficientemente explicado.
La televisión, como el cine, sólo son un divertimento. Debemos saber que lo que nos ofrecen en la pantalla, sea grande o pequeña, no tiene porqué corresponderse con la realidad, que lo que buscan actores y directores es tocarnos la fibra sensible, para bien o para mal, o, en el caso de la publicidad, presentarnos sus productos de la manera más atractiva posible para incitarnos al consumo.
Lo que entra en juego después es nuestro libre albedrío, nuestra capacidad de discernimiento y la sensatez necesaria para saber qué es cierto y qué no. La televisión tiene mucha culpa de la situación actual de la sociedad, pero no olvidemos que quienes hacen la televisión son sólo personas, y los programas que se emiten se realizan en función de los niveles de audiencia. Así pues, cambiemos nosotros, que la publicidad no marque lo que somos o lo que deberíamos ser.
Seamos inteligentes y libres.
Y si necesitamos algo con lo que indignarnos, hagámoslo por la desidia de los gobiernos ante la situación de los refugiados. Eso sí merecería que nos tiráramos a la yugular de alguien, no el anuncio de la lotería.

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