Susana Rodriguez Lezaun | Reseña. “Escrito en negro”, de Martín Olmos
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Reseña. “Escrito en negro”, de Martín Olmos

Reseña. “Escrito en negro”, de Martín Olmos

El libro

Escrito-en-negroColgaron a un elefante en Tennessee por matar a un pelirrojo. Le marcaron la jeta a Capone. Jack destripó a una ramera. Paco el Muelas le vendió a un primo un tranvía. Asaetaron a san Sebastián. Mataron al Jaro, que solo tenía un cojón. Al general Galtieri le salió corta la meada. Le hicieron un cuplé a un legionario. William Burroughs le voló la cabeza a su mujer. Norman Mailer acuchilló a la suya. Le dieron lo suyo a Rodney King; le zurraron los pasmas durante ochenta segundos y se volvió loca la jungla. El Lobo Feroz servía de garrafón. El Bizco del Borge miraba torcido y disparaba derecho. Lincharon a dos desgraciados en San José y se forraron los tasqueros. Se cargaron al Ringo en un burdel de Nevada; andaba guapeando a una coja. Perpetuaron el revés de Billy el Niño. En la calle de la Princesa vivía una vieja marquesa. La Dulce Neus enseñó las peras en el Interviú. El general Millán Astray era desmontable. Estamparon camisetas con la cara del caníbal y les pusimos nombres a los monstruos. Siguiendo los pasos de aquellos ciegos que contaban crímenes en las plazas de pueblos y ciudades, pero con los ojos más abiertos y con mucha más documentación, Martín Olmos nos narra con detalle crímenes y criminales, conformando con esta galería todo un compendio del mal en estado puro.

 

El autor

Martín Olmos (Bilbao, 1966), es un escritor y periodista, colaborador del Diario El Correo. Ha sido proclamado ganador del Premio Euskadi de Literatura 2015 por una selección de relatos sobre crímenes que conmovieron al mundo y personajes de vidas azarosas, publicados cada domingo en las páginas de Culturas y Sociedad del diario El Correo y que han sido recopilados en el volumen Escrito en negro (una tarde con la canalla). Es también un notable dibujante, cuyas ilustraciones acompañan a sus historias acentuando la atmósfera dramática que las envuelve. Las crónicas negras de Martín Olmos han merecido el premio Rodolfo Walsh a la mejor obra de no ficción en la última Semana Negra de Gijón, y en 2014 ganaron el XX Premio Literario Bodegas Olarra & Café Bretón.

 

Mi reseña

Soy una lectora voraz desde que puedo recordar. Cuando, de niña, no tenía ningún libro a mano y en mi barrio todavía no existía ninguna biblioteca pública, leía los libros de texto del colegio. Creo que por eso sacaba buenas notas. En mi caso, la educación actual, tan práctica y apegada a las nuevas tecnologías, cada vez más alejada del papel, me habría abocado sin duda al fracaso escolar.

Digo esto sólo para explicar que leo mucho, muchísimo, y que a estas alturas de mi vida hay pocos libros que me sorprendan, me conmuevan o me hagan hablar de ellos con quien se me cruce en mi camino. Sin embargo, en los últimos meses ha habido un título que me ha dejado con la boca abierta, me refiero a Martín Olmos y su “Escrito en negro”.

“Escrito en negro (Una tarde con la canalla)” fue una sorpresa de la primera a la última página. Historias cortas, una recopilación relatos breves (que algunos han llamado ensayo, aunque yo no me atrevería a tanto) llenos de muerte, de asesinos, de una guasa con retranca de otros tiempos, con una economía de palabras y unos giros lingüísticos que hacen que su lectura se convierta en un divertimento incomparable, una tarde en un parque de atracciones literario.

La publicación recopila los artículos que el autor ha publicado a lo largo de los años tanto en el diario El Correo como en su propia página web (https://martinolmos.wordpress.com/).

Narra Martín Olmos historias de violencia de distintas épocas, con personajes unas veces por todos conocidos, como Billy el Niño, la dulce Neus, Urtain o el Lute (que ya no quiere ser el Lute, sino don Eleuterio), y otras veces historias disparatadas, como los elefantes (sí, elefantes) que fueron ahorcados en Estados Unidos como viles criminales después de acabar con la vida de sus cuidadores (por no llamarlos maltratadores).

Pero lo que más destaca de este libro es, sin duda, la maestría con la que Martín Olmos ataca el lenguaje, acomodándose sin aparente esfuerzo al tiempo y al lugar en el que se desarrolla el relato. Será un bonaerense porteño en un momento dado, y un negrata de Los Ángeles cuando recuerde a Rodney King; “escucharemos” a un legionario y a un españolito de la posguerra, rufián y malencarado; aprenderemos a llamar a la navaja por su nombre (jifera, falceña, quimbo, faca, mojosa, flamenta, chifla, serdañí…) y, sobre todo, el lector que tenga la fortuna de leer esta recopilación de relatos pasará un rato tan agradable que, mucho tiempo después, todavía sonreirá al recordar las tribulaciones de cierto rey, amante de cazar elefantes en tiempos de crisis, con unos yernos que “le han salido fulastres, uno se viste raro y el otro es carterista”.

 

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