Susana Rodriguez Lezaun | Marta Marne: “Dedicamos poco tiempo al análisis de lo que leemos”
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Marta Marne: “Dedicamos poco tiempo al análisis de lo que leemos”

Marta Marne: “Dedicamos poco tiempo al análisis de lo que leemos”

Marta Marne

Una persona que ha reseñado casi cuatrocientas obras literarias de todos los tiempos con rigurosidad, una redacción muy cuidada y ofreciendo opiniones fundamentadas merece todos mis respetos. Y ojo, que digo reseñar, que no leer, porque a buen seguro que Marta Marne habrá leído muchos más de los cuatro centenares de libros que conforman el listado de artículos de su web, Leer sin prisa.

Entre sus crónicas encontramos clásicos como Hamlet (William Shakespeare, 1602), Primer amor (Iván Turguénev, 1860), Arsenio Lupin, caballero ladrón (Maurice Leblanc, 1907) o El hombre de la litera número diez (Mary Roberts Rinehart, 1906), y otras mucho más actuales, como Desterro (Manuel Barea, 2016), Tus magníficos ojos vengativos cuando todo ha pasado (Juan Ramón Biedma, 2015), Sangre fría (Claudio Cerdán, 2015) o Una mujer de recursos (Elizabeht Forsythe Hailey, 2015).

Sus opiniones son requeridas con frecuencia para entornos literarios de conocido prestigio, como la Revista Calibre .38 o Elemental, el blog de novela negra del periódico El País.

Le gusta especialmente acercar a los lectores las obras de autores y autoras desconocidos, y dedica semanas enteras a presentarnos esas pequeñas joyas literarias que permanecían escondidas en las estanterías de las bibliotecas, cubiertas de polvo y sin que nadie les prestara atención.

No les hace ascos a los clásicos, a la novela negra, a la literatura oriental, a los relatos, a los cuentos fantásticos e incluso a la romántica, siempre que tenga calidad.

Marta Marne es una devoradora de libros, un gran ratón de biblioteca que siempre que puede pasea su sonrisa y su cámara de fotos por los festivales literarios que se organizan en toda España.

 

En sus inicios reconoció que con su web y sus reseñas pretendía llenar el vacío intelectual que su vida laboral no llenaba. ¿Objetivo cumplido?

Mucho más de lo que nunca habría soñado. No es que tenga un trabajo intelectualmente pobre, porque no es así. Pero es cierto que se halla muy alejado de las letras y demasiado apegado a los números. No solo me ha servido como lugar de reflexión, sino como portal para conocer a gente fascinante relacionada con la literatura: editores, escritores, periodistas… Y por encima de todo, buenos lectores.

¿Cómo selecciona los libros que lee?

Trato de no dejarme llevar demasiado por las novedades editoriales, pero a veces es inevitable y caigo una y otra vez cuando piso una librería. Sin embargo, desde hace algunos años tengo muy en cuenta el año original de publicación de una obra, y las escritas entre finales del s. XIX y principios del XX me atraen como una polilla a la luz. Por ello tengo interminables listas con novelas y autores que quiero leer ordenadas por fecha y hasta por país de origen del autor. Soy una verdadera neurótica, lo sé.

¿Lee libros de los que conoce una reseña negativa?

Todo depende de la reseña y especialmente del autor de la misma. Tengo una serie de lectores de referencia de los que me fío a ciegas. Si la reseña negativa viene de ellos, entonces es más que probable que no lea ese libro.

¿Y de autores que no le han gustado una vez?

Rara vez. Hay autores que desde las primeras páginas puedo ver si lo que cuentan me interesa o no, si su estilo conecta con mis gustos, si considero que me aportan algo como lectora. Precisamente por todo esto, si no me ha gustado la primera vez no suelo repetir.

¿Ha recibido alguna vez presiones para escribir una crítica positiva?

Más que presiones para escribirla positiva, las he recibido por haberlas escrito negativas. Entiendo que no sean bien recibidas, y que los autores o las editoriales consideren que no soy nadie para opinar que un libro no es bueno. Por ello trato de argumentarlas incluso más que las positivas. Pero sí, más de uno y de dos han reaccionado mal.

¿Cuáles serían para usted los libros de obligada lectura?

La palabra “obligatorio” es peligrosa, porque suele asociarse a la palabra “aburrido”. Es cierto que sin esos libros obligatorios que tuvimos que leer en nuestra formación académica no seríamos los lectores que somos ahora. Opino que no importa tanto la calidad de los libros que se metan en esa lista como que esa lectura vaya acompañada de una reflexión. Creo que dedicamos muy poco tiempo al análisis de lo que leemos, tanto por contenido como por estructura, algo que irónicamente está cada vez al alcance de más gente por el fácil acceso que tenemos a determinados contenidos hoy en día. Las prisas por querer leerlo todo, en ocasiones, no nos permiten disfrutar del camino.

¿Cuántos libros calcula que no ha terminado? ¿Hasta dónde llega su cortesía con una obra?

Hasta hace pocos años podría contarlos con los dedos de una mano. Cuando decidía leer un libro, no lo abandonaba nunca. Contra viento o marea. Pero la experiencia me ha demostrado que necesito poco más de veinte páginas para saber si me gusta el estilo del escritor o ver cómo aborda el tema que trata en el libro. Por ello, el año pasado abandoné más de una veintena. Hay demasiado interesante por leer y muy poco tiempo para ello.

¿Papel o libro electrónico?

Ambos. Pero si tuviese que quedarme tan solo con uno, papel. Sin duda.

¿Qué opinión le merecen los best seller que aparecen periódicamente en medio de una enorme promoción mediática?

Tengo sentimientos encontrados. Por un lado, sé que son necesarios para las editoriales y que ese “chute” económico que les proporcionan sirve para que puedan editar libros más minoritarios. Pero la publicidad desmesurada unida en muchísimos casos a libros de muy baja calidad literaria, el que hundan en el olvido de las librerías a libros verdaderamente válidos, es algo que reconozco que me molesta. Como lectora huyo bastante de ese tipo de literatura.

No le voy a poner en el compromiso de elegir un autor como su preferido (además, seguro que son varios), pero sí quisiera que seleccionase el género que más le gusta leer, con el que más disfruta.

Va por rachas, aunque reconozco que el género al que siempre vuelvo es la novela negra.

Últimamente he visto en su web varias referencias a Japón, su cultura, su literatura y sus tradiciones, tan alejadas de las occidentales. ¿Cree que, como Japón, en el mundo todavía queda mucho por descubrir literaria y culturalmente hablando o que, por el contrario, ya está todo inventado?

Resulta cada vez más difícil innovar, es cierto. Pero el año pasado, por poner un ejemplo cercano, leí algunas novelas fabulosas con enfoques nuevos y nuevas miradas. Creo que cada generación que surge de escritores tiene una forma distinta de ver las cosas, y eso es lo que hace que sigan surgiendo libros interesantes. Los temas no varían tanto, pero creo que tampoco es necesario. Si nos paramos a pensar, prácticamente todas las novelas del mundo tratan de un modo o de otro las relaciones humanas. Lo enriquecedor es cómo lo aborda cada uno de los contadores de historias.

He cambiado de opinión, la voy a poner en un brete: ¿Qué tres libros se llevaría a una isla desierta?

Hombre, pues lo suyo sería algún manual de supervivencia, porque me da que lo iba a pasar bastante mal. Pero imagino que la intención vaya por otro lado.

En ese caso los escogidos serían la correspondencia entre Vincent y Theo Van Gogh (aunque tan solo tengo la escrita por Vincent, sería interesante tener también las respuestas a cada carta de Theo), los relatos de Edgar Allan Poe y los artículos periodísticos de Emilia Pardo Bazán.

Y después de tanto leer, y habiendo demostrado en sus post y artículos que escribir no se le da nada mal, ¿no se animaría con una novela?

Ya sabe que no se puede decir nunca “de este agua no beberé”, pero no entra dentro de mis planes. Una cosa es redactar un artículo de 2000-3000 palabras y otra muy distinta idear el universo que compone una novela. Me resulta mucho más atrayente lo que surge tras el nacimiento de un libro, el proceso de creación desde la parte editorial: correcciones, sugerencias de edición, maquetación… Poder formar parte de esa cadena sí que sería un sueño.

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